El menor

El hijo del pintor siente la necesidad de ocupar  el asiento en el estudio esta mañana en la que su padre está fuera.

Por no desperdiciar la luz cenital que sólo llega así en este lugar de la casa. 

Sin que nadie lo sepa el chaval imita sentado las posturas del mayor -le ha observado y sospecha que no son del todo casuales.

Regreso

Al volver al estudio tras unos días de viaje la pintora encuentra sus cuadros extraños, ligeramente ajenos y medio malos.

Tienen que pasar unas horas, ha de convivir un poco con ellos antes de disolver ese rechazo y recuperar el hilo que les une. El espacio de trabajo tiene un festivo componente carcelario. 

Trucos malos

¿Y si fuera que las sombras pintadas encadenan una imagen a un momento muy concreto, ese en el que el sol ocupa ahora ésta, luego aquella posición bien definida…?

¿No será que la perspectiva tradicional para mirar nos ancla  a un lugar demasiado fijo?

Diferencia

M                    M1

Buscar la diferencia.

No porque un elemento haya cambiado de lugar o se haya repetido  convierte a una pintura en otra distinta. No si actúa una razón física o psicológica como las que parecen regir el mundo de las cosas que vemos.

Sin fin

  • -!Las nubes¡ En un azul soberbio. Puro cielo, está vivo dentro y fuera de las nubes. Las ves cambiar de formas ahora tan velozmente…
  • -No terminan de ser nada por mucho rato, y luego se disuelven.
  • -Tengo la sensación de que alguien ha intervenido en el cuadro que estaba pintando. Pero no para hacerle nada nuevo sino para borrar.
  • -¿Se cuelan en tu estudio? Será por las noches, como a aquel sastre o zapatero abrumado por tantísimo trabajo hasta que unos duendes,  cada madrugada, le echaban mucho más que una mano.
  • -Las primeras veces yo trataba de volver sobre lo anterior, de repetirlo. Ahora me lo tomo como una corrección, he de seguir por otro lado.
  • -Tonterías. Será que no sabes por dónde seguir. O que te asusta terminar.
  • -¿Por qué me iba a asustar terminar?
  • -Porque sospechas que el resultado no será bueno. Y te van a juzgar.
  • -Puedo no escucharles. 
  • -Sabes que después tendrás que empezar un cuadro nuevo.
  • -Cuesta arriba.
  • -Me gustaría pintar como trabaja un fontanero, o un dentista, un contratista. Con un proyecto con final estipulado.
  • -Sabiendo a dónde conduce lo que comienzas.
  • -No tanto por si queda más o menos bien sino porque tenga un desenlace incuestionable y útil para quienquiera que lo precise.
  • -Seguro que hay pinturas que se dejan fácilmente acabar, pero igual no son las buenas.
  • -Hay nubes que se transforman tan rápidamente que antes de que hayas identificado lo que ves y lo hayas terminado de decir ya son otra cosa compleja, de un mundo diferente… y de difícil y largo nombre.

Poner fin

El Tiempo no se ha detenido. Tampoco ha llegado a su fin. Los cuadros no se terminan, se abandonan con mejores o peores resultados. 

Si esa obra parece no necesitar cambios ni mejoras es porque la estás mirando únicamente con los ojos y poco más. Si no hay lugar físico en la tela, si no le convienen a esa imagen añadidos o variaciones la tarea se continúa en la mente y se materializa, quizás, en las siguientes pinturas.

De paso

Ahora está pintando de paso. No por avanzar en el cuadro sino sólo por seguir pintando porque así es como se le ocurrirá algo nuevo. La cabeza necesita que las manos estén sobre el pincel y frente al cuadro, en conexión con el color, de esta manera, siguiendo esas huellas, intuye la proximidad de otros caminos.