Por si los echo de menos

La circustancia de que haya muchos colores en un cuadro puede dar pistas de la indecisión, del capricho, de la volubilidad de quien lo ha pintado. Que pasa por distintos estados de ánimo y que más tarde buscará identificarse con uno o con otro cuando mire la pintura. 

Si están los colores esenciales no será difícil hallar, cada vez que se mire, el necesario. Y no tendrá que recurrir a la pobre memoria, no tendrá que anhelar contemplar una pintura distinta, no porque ésta falle en aquello que para él es principal: los colores.

Estilo

Recibir y desprenderse de la luz con elegancia, sin resistirse ni a tomar ni a ceder. Hay que saber comunicar esto al cuadro que estás pintando.

Como hacen al comenzar y al finalizar el día los paisajes, la naturaleza en general. El camino, los árboles, los cultivos, las aves, las campanas, la línea de los montes, el tendido eléctrico… en ese proceso delicadísimo unos y otros se acompañan y ayudan.

Detener

La pintura, como la fotografía, proporcionan una imagen detenida. Aunque representen movimiento. Claro que el espectador puede percibir la vida que hay allí, y por tanto su fluctuación, su latido. 

Pero es un instante minúsculo, ni siquiera sujeto al tiempo.

Pintadas sobre una tela una pirámide y una nube comparten, están hechas de la misma sustancia y así permanecen presentes lo mismo una que otra, exactamente el mismo tiempo.

Historia

 

 

Cualquier cosa que ha ocurrido desde el comienzo de los tiempos, grande o pequeña, personal o colectiva es susceptible de convertirse también en materia artística. A estas alturas de nuestra Historia se puede decir que ya ha pasado de todo, así que un creador dispone de un archivo fabuloso -¿y completo?- de sucesos de todas clases a los que recurrir para inspirarse. 

Claro que puede que hace veinte siglos estuvieran en muy parecida situación en cuanto a recursos de la memoria.

Llegó el Sol

De entre el cielo hasta entonces cubierto apareció la luz en cuerpo y alma, descendió sobre el estudio de la pintora y vio que, al menos en ese momento, todo estaba bien. Casualidad, hermosa casualidad. O quizás no.

Opiniones

Frente al arte reacciona así: si lo entiendo me gusta, si no, no. Cree que es suficiente con tener ojos para ver y boca para hablar.

Hay mucho que no comprende pero no le cuesta nada identificar obras y autores de los que dice son fraudes, engañabobos. En eso está, hasta ahí llega.

Resulta ser un ignorante bastante vago, reacio a aprender. Y no sabría explicar por qué alguien como Matisse o Rothko son ya irrenunciables.

 

Sin fin

Otra prueba de que un cuadro no se termina sino que se abandona (con mejor o peor resultado) la tienes cuando, tras completar una pintura te fijas en algunas anteriores y las descubres un poquito mejores, un poco más hechas que cuando aún no tenían por compañera a la nueva.

El museo y la cárcel

Acabo de enterarme de que el edificio que desde hace 25 años alberga el Museo Gustavo de Maeztu fue, tras la guerra civil española, una cárcel.  De las decenas de presos que encerró algunos sólo salieron para ser asesinados.

Me avergüenza mi desconocimiento, haber tardado tanto en enterarme de algo tan horrendo que ocurrió en un lugar cercano a donde vivo y donde yo he expuesto mis cuadros.

Mi ignorancia la achaco a mi descuido pero también a la labor recurrente de quienes pretenden silenciar aquella memoria.

Sol

Para alejar la lluvia unos danzan, otros procesionan, otros sacrifican seres vivos, esparcen en el aire compuestos químicos… 

Y está la manera de quien pinta figuras llenas de luz y así busca atraer cada día al sol haciéndole ver qué cosas hermosas está en su mano hacer visibles.