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Luz

Para esas mujeres la luz no entraba desde las ventanas, los balcones, las luceras en los techos. La luz provenía de ellas mismas y no llegaba a través de los cristales sino que por los cristales, por los huecos abiertos a la calle salía.

El atardecer así como el anochecer no tenían nada que ver con el sol. El apagamiento lo provocaban las muchachas, su natural y diario declinar.

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