sukilbide

Marta en el África negra.

Al apartado poblado de Zonhjan no llega la luz eléctrica.

Marta se levanta tarde y para cuando se pone a pintar apenas queda luz natural.

Pero gracias a que renunció a reir, a rascarse y a sorberse los mocos cuando está acatarrada ha conseguido, transformando toda esa energía que lleva ahorrada, que su propio cuerpo emita una luz que, aunque tiene la pega de que atrae a los mosquitos, por otro lado es suficiente como para ver los colores, los pinceles y las telas sobre las que trabaja hasta muy entrada la madrugada.

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