sukilbide

Como los árboles.

Las ramas, las hojas de los chopos, de los álamos, se mueven mecidas por el viento. Verlas y escucharlas es una delicia.

Cuando el aire se detenga será como si no hubiera ocurrido nada.

El río corre junto a los campos, todo ese agua que veo moverse se desplaza, va para otro lado. Lo mismo ocurre con las nubes, con los pájaros, con una hilera de hormigas. Pero las hojas vuelven a donde estaban, tras el vuelo deslumbrante, el baile alegre. Serán distintas en unas semanas pero las he visto revolverse, zambullirse,  crepitar y silbar para regresar a la misma calma espléndida donde estaban.

Quisiera tener un cuadro donde pintar de esta manera, con esa irresponsable despreocupada libertad  donde buscar hacer prodigios sin interferir, sin cambiar nada porque la imagen no necesita ni admite mejoras.

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