sukilbide

Visita sorpresa.

Ha echado otro leño a la hoguera. Un tronco de encina –los intercala con madera de haya para avivar la combustión- como de 60 cm de largo y unos 13 de ancho. Estaba rajado -así llegan a casa cuando los descarga el camión de la empresa a la que le compra cada año tres mil o cuatro mil kilos- pero sin llegar a partirse completamente, un poco abierto, sus dos partes aun firmemente unidas por una tela vegetal abierta como un acordeón.

Al empezar a arder el fuego ha ido ascendiendo por la boca abierta, la ha ido poblando de llamas, unas fauces cada vez más centelleantes. Le ha parecido que era lo contrario a un dragón que arrojara fuego, uno de las gárgolas flamígeras que pintaba estos días; esta criatura absorbía el incendio por sus mandíbulas y hasta su garganta, las líneas de los dientes más y más abiertas a medida que la madera se consumía.

Da por conocido, por pintado y así domado, mucho de lo que le rodea más inmediatamente en su estudio y sin embargo hay días en los que aparece un intruso sorprendiéndole.

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