sukilbide

En cien palabras justas.

El sueño de Marie Thérèse.

Llega del cine, de ver una película rodada en Tahití. Se sienta, rendida, en el sillón rojo.

Le cuenta a Pablo la maravilla que es el cine y lo precioso y terrible de la historia en la que una muchacha enamorada tiene que huir porque su tribu la consagrará sacerdotisa; ahora nadie podrá mirarla y mucho menos tocarla. Pobre mujer.

Pablo va a buscar una de sus máscaras de los Mares del Sur, con ella puesta quiere bailar y hacerle reír.
Cuando vuelve ella está dormida, entre las olas de su collar y su blusa. Tan hermosa… Entonces la pinta.

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