sukilbide

We two.

3 de abril 016

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Cada color.

A lo largo del día, con el cambio de luces; en las muy distintas ubicaciones en las que puede estar colgado un cuadro… Que tenga muchos colores hace más fácil que la variable luz que lo ilumina en ese momento, en ese lugar encuentre un área donde se refleje alentadora.

Natxo Barberena·sukilbide·Tasús Burguete

Un poema y una pintura.

En la exposición El sentir al transitar el año, organizada por Natxo Barberena yo aporto esta pintura y Tasús Burguete ha escrito (y recitado en la sala) este poema. Gracias a todo el grupo y en particular a Natxo y a Tasús.

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 NOVIEMBRE (PURA ENVIDIA)

 

Te caminan mis ojos, Noviembre,

con tu explosión dudosa de primavera;

mi helada piel se llena de envidia,

mas no puedo dejar de mirarte.

 

Tu falsa rosa se agarra a mis arterias

ahuyentando el rojo de mi  latido.

Ni tu tierra, sol, cielo, atardecer,

ni tu verde, amarillo, azul, naranja

borran la soledad que escriben mis huesos,

soledad viajera de nubes que esconden la luz

en mi ciudad oscura de otro oscuro noviembre.

 

Me adentro en ti  y recorro tu tierra

como grullas por frío sorprendidas,

te respiro y me ahogas,

me llamas y te pierdo

y posees tanto color…

 

que de negro te quiero por no quererte.

 

Sí, vengo de otra estación,

meses que visten lejanas ausencias,

cansados horizontes,

y aquí estás tú:

lleno de savia, ausente de noche;

y yo con este dolor,

y tú como si ninguno pesara,

como si nadie, como si todos,

como si nada yo.

 

Ha llegado mi hora nona

donde se rompen los espejos,

donde mi latido deja de maquillarse

con tu rosa primavera falsa.

Vuelvo a mi oscura ciudad,

caminaré su oscuro noviembre

con el otoño en los brazos

y un fatigado horizonte.

Yo, siempre  te recordaré,

tú, sencillamente, me olvidarás.

 

Tasús Burguete   

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Son de tez blanca, completamente blanca. Unos de algodón, otros de lino, todos tensos. Les da la luz cenital del estudio. El sol y la presencia del pintor llena las telas de manchas, de puntos, de rallas como una irritación.

Las marcas del sarpullido encienden la alarma de la gente que pasa por allí y se recurre a un médico, que es un crítico.

Manda sacar los cuadros del lugar y llevarlos a una sala amplia, bien ventilada, limpia, idónea para convalecientes.

En la galería reciben visitas, individuos que se preocupan, que reflexionan observando a los convalecientes, que hablan entre ellos pero sin apenas levantar el volumen de la voz. Muchas de esas personas sienten verdadera empatía hacia los enfermos.